Una contraseña «perfecta» —larga, con símbolos, imposible de adivinar— no sirve de mucho si la usas en diez sitios distintos: basta con que uno de esos diez sitios sufra una filtración para que las otras nueve queden expuestas también.
Una estrategia realista, sin depender de una memoria excepcional:
- Usa un gestor de contraseñas. Genera y recuerda contraseñas únicas y largas por ti; solo necesitas memorizar una contraseña maestra.
- Si prefieres memorizar, usa una frase larga en vez de una palabra con sustituciones (una frase de cuatro palabras al azar es más difícil de adivinar que «P@ssw0rd123» y más fácil de recordar).
- Nunca reutilices la misma contraseña en cuentas importantes (correo, banca, redes sociales).
- Activa la autenticación en dos pasos como red de seguridad adicional — así, aunque una contraseña se filtre, no basta para entrar.
El objetivo no es la contraseña perfecta en abstracto, sino que cada cuenta tenga la suya y que una filtración en un sitio no se convierta en una filtración de todo.
