No existe un detector infalible de contenido generado por IA —ni para texto ni para imágenes—, pero sí hay señales que ayudan a sospechar.
En texto: frases correctas gramaticalmente pero vagas, que «suenan bien» sin decir nada concreto; estructuras repetitivas (listas de tres puntos, párrafos de longitud casi idéntica); ausencia de detalles específicos y verificables (fechas exactas, nombres, cifras) que sí aparecerían en un texto escrito por alguien con conocimiento directo del tema.
En imágenes, las señales clásicas —manos con dedos de más, texto ilegible dentro de la imagen, patrones que se repiten de forma extraña— siguen apareciendo, aunque cada vez con menos frecuencia a medida que los modelos mejoran. Ya no es un método confiable por sí solo.
Existen herramientas automáticas de detección, pero ninguna es totalmente confiable: producen tanto falsos positivos (marcar como IA algo escrito por una persona) como falsos negativos. La forma más confiable de verificar algo importante sigue siendo la de siempre: contrastar la fuente, buscar si la información aparece en otro lugar independiente, y desconfiar de contenido que no cita de dónde viene.
